¡Gracias Travesía Sagrada Maya!

Autor:
Juan Pablo Pinzón

Travesía Sagrada Maya

El pasado 23 de mayo, a las 12:45 p.m., llegó a su conclusión la Novena Travesía Sagrada Maya. Después de 3 horas y 15 minutos de remar en mar abierto, un grupo de emocionados canoeros tocaron las costas de Xcaret como lo habrían hecho los antiguos mayas hace más de 500 años.

En ese entonces, los indígenas hacían este recorrido desde el puerto de Polé (hoy Xcaret) hasta Kuzamil (hoy Cozumel) y viceversa, con el fin de honrar a Ixchel, la diosa maya de la fertilidad y la abundancia. En la actualidad, los canoeros lo hacen por diferentes motivos que pueden ir desde un reto deportivo, hasta el deseo de revivir una de las tradiciones más emotivas de la cultura Maya.

Travesía Sagrada Maya

Los tripulantes de las 37 canoas participantes, 10 canoeros por cada embarcación, se postulan de forma voluntaria. Antes de la Travesía, todos deben realizar un intenso entretenimiento en natación, remo, velocidad, fuerza y resistencia. Tres días a la semana, a lo largo de seis meses, se reúnen a las 6:00 de la mañana con este fin.

El día que deben hacer la Travesía, los canoeros se reúnen a las 3:00 a.m. en el Parque Xcaret, donde son recibidos con un desayuno ligero a base de fruta. Poco antes de la salida, el parque realiza un espectáculo en el que se presentan ofrendas y danzas a la diosa Ixchel. Al despuntar el alba, los canoeros dan inicio al recorrido, cuya duración depende de las condiciones climáticas y puede tardar entre 4 y 6 horas.

Travesía Sagrada Maya

Al llegar a su destino, los canoeros descansan en la isla y pasan la noche en uno de los hoteles de Cozumel para emprender al día siguiente el viaje de regreso. Tras terminar ambos recorridos, cada uno de aproximadamente 30 km, se han sometido a un esfuerzo físico tan considerable que algunos canoeros llegan a bajar varios kilos de peso.

Aunque el esfuerzo físico realizado es equiparable al de un deportista de alto rendimiento, la Travesía Sagrada Maya no es un ejercicio de competencia, sino de convivencia. Es también una emotiva experiencia para quienes la realizan y una inspiración para quienes la presencian, además de ser una oportunidad de encuentro con la naturaleza, con la inmensidad del mar y consigo mismos. Para todos, es un desafío a las capacidades físicas del ser humano y una oportunidad para desarrollar nuevas amistades. ¡Una vivencia que permanece en la memoria y en el corazón por siempre!

Travesía Sagrada Maya

Escrito por Juan Pablo Pinzón